Claro, el bombero dijo aquello y se fue, dejándonos peor que al comienzo. Menos mal que a Érika, amiga de mi gemela, se le ocurrió poner una madera larga desde una ventana cercana al lugar donde estaba la desfalleciente gatita y hacer que ésta recorra toda la tabla, como si fuera un puente, para luego proceder a agarrarla del cogote y ponerla a buen recaudo.
Para cuando mi hermana encontró al gatito vociferante, la gatita blanca, llamada Gotita, ya estaba del todo bien y ya había hecho varias de las suyas, entre las cuales se encontraba haber originado que yo extravíe una tarjeta de crédito y otro asunto un tanto nauseabundo que mejor no cuento, sólo diré que hasta las almohadas de mi cama tuvieron que ser echadas en la lavadora.
Cuando Erika y yo fuimos a recoger al paradero a mi hermana, escuchamos mucho antes que llegue el colectivo un maullido penetrante. El alborotador gato, se hallaba cerca. Vimos salir del carro a mi gemela llevando en brazos a un pequeño animalito, que nunca supimos de dónde le salía tanta voz ni de dónde sacaba tanto ímpetu, pues había sido hallado con un severo cuadro de desnutrición y nos preguntábamos cómo era posible que en un cuerpo tan minúsculo cupieran dos pulmones tan grandes. Cuando el gatito bullicioso llegó a la casa, Gotita se atemorizó y no pudo comprender qué clase de animalito era ese que daba semejantes alaridos sin fin. Pero el gato ni la miró y sólo atinó a comer mientras alborotaba con sus alaraquientos miaus. Nunca supimos qué tipo de enfermedad causa esos síntomas ni cómo la adquirió el pobre gatito o si nació así. LLegamos a pensar que los inaguantables gritos fueron causa de su abandono… Nadie es capaz de soportar semejantes aullidos todo el dia sin descansar. Es cierto, el gatito no dejaba de gritar y no era un llanto específicamente, era como si alguien diera alaridos de enfado sin cesar. El fin llegó pronto para el gatito y también para sus chillidos enloquecedores y para todo el sufrimiento que éstos motivaban…Se fue a vivir a una nube.
Jacinto, metido en mi mochila, llegó a la casa y ni bien llegó corrió a comer el alimento que le fue negado tantas veces en el lugar en donde lo encontré. Al rato, quedó dormido en mi pecho y los dos soñamos uno con el otro. Al despertar fue llevado al jardín, para que reconozca sus dominios y para que sepa dónde quedaba el sitio especial para sus necesidades más íntimas. Le salió al encuentro Michina, mi hija mayor. Se olieron y se saludaron, se presentaron y se dijeron muchas cosas incompresibles para mí. Asuntos que no eran de mi incumbencia, supongo. Michina, la gata-mosca; llamada así por sus dotes de gran escapista.
Antes de continuar con mi bello Jacinto, quiero relatar algo de la vida de ella. Michina procedió de un familia aristocrática de gatos techeros cuya casa era la escuela de arte, donde estudíe. Un día había tres gatitos en distintos lugares. Al parecer, la mamá los había perdido o ellos se fueron de su lado. Si los dejaba a su suerte morirían de hambre o de frío. Les di comida y me di cuenta que eran muy ariscos, a causa de no estar acostumbrados a ver gente. Cuando un gatito no está familiarizado con los humanos hasta los tres meses de edad, es casi imposible que no sea arisco toda su vida, nadie lo podrá domesticar y siempre tendrá miedo a la gente. Por eso, cuando me llevé a los mininos, ellos no me querían ni mirar y Michina, la única tricolor, era la gata más huraña que vi nunca. Con su tamañito de gatito de un mes, era capaz de intimidar a cualquiera. Los dejé en un cuartito de la azotea y les llevaba comida y agua todos los días, en las noches iba a pasar un buen rato con ellos y trataba de hacerme su amiga. Me sentaba en un sillón muy quieta y ellos me miraban intranquilos.
Trataba de entablar amistad con los pequeñines por medio de juegos; pero yo no les infundía la menor confianza. Corrían y se perseguían entre ellos, pero conmigo no querian saber nada. A veces el mayor se subía a mis piernas y me olisqueaba, al menor movimiento, se bajaba, se escondía y desde lejos me miraba arrebatado. Michina no me hacía el menor caso, y si intentaba cogerla, corría como alma que lleva el diablo o mejor dicho como diablo llevándose un alma. Un día los gatitos enfermaron de gripe y era casi imposible curarlos, ya que cuando le da gripe a un gato cachorrito es necesario ponerle vacunas e inyecciones antibióticas. Quisimos hacer eso mi gemela y yo, pero nos resultó impracticable, dado el alto grado de desconfianza y agresividad de los pequeñines. (Continuará…)
Archivo de Expresiones del 2006
Marzo 2006 (6)
2 Comentarios sobre “Historia Gatil II parte”
Herme dijo el 27 Mayo 2006:todos estos relatitos son verdad. Me gusta leerlos para recordar a todos esos félidos hermosos. Que bueno que exista esta pagina tan bonita para que los gatunos puedan contar sus azañas. Pronto mandare mi relato. besos los artistas amantes de los Animales.
Roberto E. Eguiluz Rivera dijo el 30 Mayo 2006:Quiero saber algo de tu persona yo se que el apellido es unico escribeme por favor,saludos roberto
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